LA ESFERA 607, 1 Mayo de 1,976
Algún extranjero, que visitó a Bogotá hace mucho tiempo; resolvió echarnos un piropo, como aquellos que acostumbran decir los tumbalocas a las mujeres para que caigan en sus brazos, y ,desde aquel momento lo convertimos en artículo de fe, mandándolo grabar con fuego en la mente, no sólo de los habitantes de la capital, sino de todos los colombianos. ‘Bogotá es la Atenas Suramericana” dijo el extranjero, y nosotros quedamos boquiabiertos, preguntándonos cómo una verdad tan nítida, una comparación tan exacta, nunca se nos habla ocurrido. Claro está, que a dicho señor no le preguntamos en que’ sentido lo decía, si por sus ruinas, si por sus luchas entre griegos y turcos, si por la pobreza del territorio, etc., Para qué íbamos a hacerlo, si en nuestra candidez sabíamos que tenía que ser por los Dioses de la mitología griega -
En igual forma estamos convencidos del inmenso potencial económico de nuestro territorio. Tenemos extensas costas en; los dos mares, con una riqueza inmensa en productos marítimos y no logramos abastecer el consumo nacional, Nuestras minas de carbón son inagotables y tenemos que recurrir al petróleo para mover las locomotoras. Las minas de; esmeraldas, tan ricas y famosas, sólo le producen al gobierno quebraderos de cabeza. El petróleo se convirtió en artículo de lujo. Las maderas, los productos agrícolas y, ganaderos; Las minas de oro y hierro; La manufacturas; Las fábricas de maquinaria y automóviles; Pura utopía. De toda esta riqueza, de que tanto nos hablan, sólo hay una, que aunque no fabulosa, es la única que ha defendido al país a lo largo de toda su historia El Café. Sin embargo, ésta ha sido la más atacada, la más restringida y menos ayudada por el gobierno, a pesar de ser la que siempre paga los platos rotos.
Ahora, cuando en el mercado mundial los precios están alcanzando un valor medianamente equitativo, comparándolo con el precio de otros artículos, principalmente de los que debemos importar que han subido hasta un mil por ciento, nuestros famosos economistas, que le tienen terror a la bonanza, han resuelto que mensualmente guardemos, como hacían antaño, en el fondo del baúl del Banco de la República, cincuenta o cien millones de dólares, en lugar de invertirlos en nuevas industrias para darle trabajo a los dos millones de colombianos que lo necesitan, o para construir viviendas para los cinco millones que no tienen techo propio.
En fin, Dios le da pan al que no tiene dientes. Que le vamos a hacer. Pero el tenerle miedo a la riqueza no es de personas con sus cinco sentidos. Es de Tontos y sólo en el País de los Tontos puede suceder.
C.G.L.
En igual forma estamos convencidos del inmenso potencial económico de nuestro territorio. Tenemos extensas costas en; los dos mares, con una riqueza inmensa en productos marítimos y no logramos abastecer el consumo nacional, Nuestras minas de carbón son inagotables y tenemos que recurrir al petróleo para mover las locomotoras. Las minas de; esmeraldas, tan ricas y famosas, sólo le producen al gobierno quebraderos de cabeza. El petróleo se convirtió en artículo de lujo. Las maderas, los productos agrícolas y, ganaderos; Las minas de oro y hierro; La manufacturas; Las fábricas de maquinaria y automóviles; Pura utopía. De toda esta riqueza, de que tanto nos hablan, sólo hay una, que aunque no fabulosa, es la única que ha defendido al país a lo largo de toda su historia El Café. Sin embargo, ésta ha sido la más atacada, la más restringida y menos ayudada por el gobierno, a pesar de ser la que siempre paga los platos rotos.
Ahora, cuando en el mercado mundial los precios están alcanzando un valor medianamente equitativo, comparándolo con el precio de otros artículos, principalmente de los que debemos importar que han subido hasta un mil por ciento, nuestros famosos economistas, que le tienen terror a la bonanza, han resuelto que mensualmente guardemos, como hacían antaño, en el fondo del baúl del Banco de la República, cincuenta o cien millones de dólares, en lugar de invertirlos en nuevas industrias para darle trabajo a los dos millones de colombianos que lo necesitan, o para construir viviendas para los cinco millones que no tienen techo propio.
En fin, Dios le da pan al que no tiene dientes. Que le vamos a hacer. Pero el tenerle miedo a la riqueza no es de personas con sus cinco sentidos. Es de Tontos y sólo en el País de los Tontos puede suceder.
C.G.L.
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